Cinco panes de cebada de Lucía Baquedano Azcona es un libro 1986.
Es una novela realista ambientada en la España rural, de mediados de siglo XX, en Beirechea un pueblecito de Navarra.
Muriel, protagonista de esta historia, es una chica de Pamplona. Allí vive con su familia y las comodidades de la ciudad. Acaba de terminar la carrera de magisterio con unas notas excelentes y lo último que puede pensar es que la destinen a un pueblo pequeño y perdido.
Sin ganas llega allí, al principio se encuentra triste y frustrada, no es lo que ella se imaginaba y ni mucho menos con lo que había soñado.
Poco a poco descubre que ella hace más falta allí de lo que pensaba, pronto encuentra su sitio y siente que aporta muchísimo como profesora y como persona. Conecta con el pueblo, con la gente, los niños y el modo de vida.
A lo largo de la historia tiene varias oportunidades para romper con todo y volver a su vida pasada pero Muriel ya había encontrado su lugar, lo que le hacía feliz. No hay nada más satisfactorio como profesora que lograr lo que consiguió la protagonista, entender que en esa escuela la necesitaban, se sentía útil y luchaba para que los alumnos aprendieran.
Es un libro simple y fácil de leer pero con una reflexión muy importante. Además me ha recordado a mi pueblo, Galápagos (Guadalajara), ya que es un pueblo pequeño y por tanto la relación entre la gente es igual de cercana. Todo el mundo se conoce y cada uno cumple una función relevante. Se le da mucha importancia al cura, al alcalde y a los profesores. Todos buscan el bien común del pueblo y todos pelean para que salga adelante.
Me dijo el cura: "Este es tu primer fruto, Muriel. Quizá dentro de poco tiempo solo quedemos aquí el médico, la maestra y el cura, que somos forasteros". A lo que yo contesté: "Quisiera que dentro de poco, el médico, el cura y la maestra fueran beirechetarras". Baquedano L. Cinco panes de cebada. Página 77.
Al ser un sitio pequeño, las alegrías al igual que los problemas se comparten y se viven más intensamente. El sentimiento de unidad y cooperación es muy distinto al de las grandes ciudades, por eso pienso que a Muriel no le costó adaptarse y congeniar.
Nunca sabes dónde puedes encontrar la felicidad y muchas veces pensamos en grandes proyectos y tal vez nos espera en el sitio más sencillo.
Esta es una foto de la antigua escuela de mi pueblo, que tanto representa para mí y tantas veces pienso en todos los alumnos, ahora personas mayores, a las que conozco y han estado dentro de esas cuatro paredes.
Fuente: Elaboración propia.

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